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Movies R Fun!

Como dice el autor, “una colección de clásicos cinematográficos para preescolares cinéfilos”.

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‘Periodismo 2.0’

Ese es el título del libro escrito por el periodista Mark Gribbs que pretende ser, tal como dice el subtítulo, “una guía de alfabetización digital para sobrevivir y prosperar en la era de la información”. En otras palabras, es un manual de iniciación sobre lo que un periodista que quiera trabajar en la Web necesita saber.

Periodismo 2.0 empieza con algunos conceptos básicos (Web 2.0, navegadores, comunidades…) y sigue con modos de escribir en la red, edición de audio y vídeo, manipulación de fotos e imágenes… Además, en cada uno de los capítulos, cita algunas de las herramientas y el software más útil y sencillo para cada tarea y propone actividades para poner en práctica lo que explica.

Es una guía muy básica y algunos temas han quedado obsoletos, ya que el libro se escribió en 2007 y el mundo digital avanza muy rápido. Eso sí, si estáis interesados en el tema, pero no tenéis mucha idea, o lo que queréis es tener una visión general sobre lo que se tiene que dominar para ser un periodista 2.0, este libro os puede ser muy útil.

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Tartera, el escritor ‘incorrecto’

Hace ya una semana, en la clase de Producción Periodística entregamos un reportaje el cual tenía que publicarse en Wikidiario, una publicación digital que gestiona el profesor de dicha asignatura y en la cual participamos todos los alumnos. Por problemas técnicos, el reportaje todavía no ha salido. Como creo que nos quedó bastante bien y, además, al profesor le gustó, lo he traducido y, con el permiso de mis compañeros, os lo cuelgo aquí, por si a alguien le interesa.

Roger Tartera, escritor  del Maresme de 38 años, presenta su cuarto libro, El Rus. La mort del pronom feble, en el Ateneu Barcelonès. Al acto asisten unas cincuenta personas, las cuales se sientan en las sillas dispuestas en la sala Sagarra. El rumor de las voces se apaga cuando se anuncia que Tartera está a punto de empezar su discurso. Con un silencio absoluto, Tartera inicia su monólogo con una explícita crítica a las grandes editoriales catalanas: “Todos los grandes grupos editoriales están apostando poco por nuevas voces y por gente que quizás tenemos un discurso que no es el que la gente espera sentir o que no es el políticamente correcto”.

Roger Tartera en la presentación de su libro.

Realmente, su estilo literario es poco común, lleno de imágenes sexuales, de palabras malsonantes y de una visión del mundo muy ácida. A esto se le suma un ataque que se lee entre líneas hacia el sector editorial. De este modo, no es extraño que varias editoriales se hayan negado a publicarle la obra, tal y como afirma el propio escritor: “Este libro se pasó meses y meses dando vueltas por las principales y más grandes editoriales de Barcelona, que se escandalizaron por esta propuesta, porque decían que ofendía al lector, que era demasiado transgresora, que estaba demasiado pasada de vueltas y que era incorrecta […]. Además, nadie acepta, en este país tan pequeño y tan mediocre, críticas y menos si las haces de una manera directa”.

Que los escritores principiantes lo tienen difícil para hacerse un lugar en el panorama literario es indiscutible. ¿Y qué hay detrás de estas dificultades? Según la responsable institucional y de comunicación de la editorial Los Libros de la Catarata, Mercè Rivas, lo que prevalece es el dinero: “Las editoriales deben mirar el rendimiento del libro, las ventas que conseguirá… En definitiva, razones económicas, aunque debería primar la calidad del libro”. Además, Rivas reconoce que detrás de la apuesta por un nuevo escritor se esconde un gran gasto: “Si la editorial escoge un autor novel, debe hacer un gran esfuerzo para promocionarlo”.

Pese a esto, hay algunas pequeñas editoriales que tienen como política general dar oportunidades a nuevos talentos. Es el caso de la Editorial Alrevés, la cual ha sido la que, finalmente, ha creído en la obra de Roger Tartera y la que ha publicado El Rus. “La diferencia entre una pequeña editorial, como la nuestra, y las grandes, creo que es que nuestra función, dentro del sector editorial, es la de buscar nuevas voces, apostar por nuevos autores y jugárnosla un poco”, dice el director de Alrevés, Gregori Dolz. ¿Pero tienen estas nuevas voces una buena acogida entre los lectores? La respuesta de Dolz es clara: “Hay muchas editoriales pequeñas, cosa que demuestra que hay mucha gente interesada y predispuesta a apostar por ellas y encontrar nuevos contenidos; contenidos alternativos; contenidos, básicamente, diferentes a los que publican los grandes grupos”.

El Rus es el cuarto libro de Roger Tartera. Con sus tres libros anteriores no tuvo los mismos problemas que con éste, pero sí que ya experimentó un cierto desencanto hacia las grandes editoriales, tal y como explica: “Todo lo que había publicado hasta este momento era a través de premios literarios, premios menores […]. Pero esos premios tienen una trampa: las editoriales no se implican en el proyecto o en el proceso de apostar por ese libro y por darle salida y darle difusión”.

El discurso de Roger Tartera en el Ateneu continúa, y las críticas a aquellas editoriales que no le aceptaron el libro -de las cuales, se niega a dar los nombres- son incesantes y especialmente crudas cuando recuerda las respuestas que recibía por parte de ellas: “Curiosamente, ni la agencia ni las editoriales se dirigían a mí para darme la negativa. Era yo quien tenía que llamar y preguntar qué les había parecido mi libro y me respondían: ‘Pues escribes muy bien, pero este libro es ofensivo. Envíanos alguna otra cosa. Siempre estaremos encantados de leer más cosas tuyas’. En fin, toda esta clase de cojonadas“.

Tartera también recuerda con especial rencor el momento en que se sintió forzado a cambiar el final original de su libro para intentar gustar a las editoriales de Barcelona. “Esta obra estaba en una agencia literaria que consideró que el final no era adecuado para las sensibilidades de las editoriales barcelonesas. El final fue cambiado , prostituido“, comenta. Este es otro terreno donde parece que autores, agencias literarias y editoriales nunca se ponen de acuerdo. Mientras el primero considera las sugerencias una intromisión a la creación literaria del escritor, tanto Mercè Rivas como Gregori Dolz son más flexibles en esta cuestión. La primera opina: “Un original de narrativa creo que se debe respetar, pero con uno de ensayo o de periodismo sí que damos sugerencias o pautas, sobre todo para aquellos quienes nunca han publicado una obra. Esto no es condicionar la obra, sino hacer unas recomendaciones para que el libro comunique mejor”. Por su parte, el director de la editorial barcelonesa defiende una cierta intervención del editor: “Los editores no sólo juegan el papel de publicar libros […]. Personalmente, creo que hacer sugerencias constructivas a un autor puede ser positivo, tanto para el autor como para la novela, siempre y cuando sean de mutuo acuerdo”.

Afortunadamente para Roger Tartera, el final que ha publicado la Editorial Alrevés ha sido el primero que escribió. “El final que me propusieron era un churro impresionante y ese final es el que fue a todas las editoriales de Barcelona que me dijeron que no; o sea, que quizás el final original tampoco está tan mal y el segundo era una porquería como, efectivamente, yo creo que era y que por suerte ahora nadie podrá leer, porque no vale nada”. Y añade: “En el momento en que me puse en contacto con la Editorial Alrevés incluí el final original, que era el que a mí me había salido de dentro y que yo creía que debía formar parte de este libro. Ellos lo aceptaron y me comentaron que era el único final posible para la historia”.

El autor de El Rus acaba su intervención y se abre el turno de preguntas. Un hombre levanta la mano y Tartera le concede la palabra. “Si hubiera salido [el libro] en una gran editorial, no le daría pie a usted a criticar a las grandes editoriales. Lo mejor para usted es que la editorial haya sido mala, para así poder desahogarse y decir que las grandes editoriales son bla bla bla…”. El escritor responde: “Yo no busco la provocación, ni busco el escándalo ni nada. Busco ser fiel a mi manera de pensar, a mi manera de ver el mundo, de entender las relaciones humanas, de ver cómo está el panorama”.

Sea como sea, tanto si Roger Tartera usa la negativa de las grandes editoriales como una herramienta de marketing como si no, lo que parece innegable es que en las grandes editoriales prevalecen intereses económicos, que llevan, incluso, a modificar obras literarias sin el consenso del autor. Las consecuencias negativas de este hecho las sufren los nuevos autores, que luchan encarnizadamente entre una gran competencia para hacerse un lugar, y los lectores.

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